Todo es para ayer. Todo corre a prisa. Todo es de vital importancia. Todo es URGENTE.

Pero, ¿lo es realmente? En las agencias de publicidad y de marketing nos hemos acostumbrado a trabajar contra reloj, a nunca desarrollar un proyecto en plazos razonables. Los clientes lo quieren todo ipsofacto y así lo exigen. Aunque no tenga ningún sentido.

¿Cuál es el origen de estas exigencias? ¿Existió a caso, hace cientos de años, una generación de publicistas vagos, huevones y lentos, a los que había que exigir por encima de lo razonable para que cumplieran en tiempos? Si fue así, ¡cien veces sean malditos!

Pero creo que no fue así. Personalmente, creo que padecemos las consecuencias de flotar en el océano más rojo del mundo. La vil y terrible competencia. El mercado de la publicidad es, posiblemente, lo más alejado de un monopolio que uno pueda encontrarse en este apestoso mundo capitalista. Los clientes lo saben y se aprovechan de ello. Con nocturnidad y alevosía.

Si tú no me lo haces en diez días, otro me lo hará. Y seguramente encuentre a alguien que me lo haga en nueve. Así que, ¿quieres la oportunidad o no?. ¡Y cualquiera dice que sí! Una cuenta es un tesoro: conseguirla el sueño del departamento comercial y mantenerla la pesadilla de los buenos de cuentas.

Lo más ridículo es que los clientes, nuestros amigos los directores de marketing, no se dan cuenta de que se están dando un tiro en el pie. El 90% de las veces prefieren centrar su presión en la rapidez de entrega de un proyecto, antes que darnos un par de días más y obtener un producto de calidad.

Y lo peor es que, en la mayoría de los casos, no es urgente. No es para ayer. No corre prisa. Porque no cambia nada salir el lunes o el miércoles. Bueno, cambia la calidad de lo entregado, eso sí cambia, pero ¿qué más da? Mientras se llegue antes a la meta todo habrá merecido la pena, ¿no? En el mundo actual todos tenemos prisa por llegar. A donde sea. Como sea. Pero llegar rápido. Como Forrest Gump.

¿Cuántas veces, compañeros publicistas, les ha cancelado un cliente esa reunión que antes de ayer era súper urgente? «No voy a poder ir al final, lo vemos la próxima semana» te dicen tras haber pasado la noche en vela terminando tu presentación. Por no hablar de esas propuestas que necesitan «para ayer, porque lo vamos a ver en junta mañana mismo» y te regalan horas y horas de estrés, pero luego no te dan respuesta en semanas o meses porque «aún lo están checando».

Todos hemos vivido más de un caso similar, y seguramente más de dos. Porque «la urgencia, en la mayor parte de las ocasiones, es relativa».

Así que, amigos directores de marketing, amados y queridos clientes nuestros, permitan que desde aquí les dé un valioso consejo: no quemen el sentido de la palabra «urgente». Sé que es tentador hacerlo. Lo comprendo. Sólo con mencionarla se ve a un equipo creativo entrar en ebullición. Está padre, SÍ. Pero si siempre gritan que viene el lobo cuando no viene, al final vendrá y nadie les creerá. Y será terrible. Apocalíptico.

Yo mejor les recomiendo que escondan esa palabra «urgente» y la guarden como un tesoro. No la enseñen a nadie a no ser que no quede más remedio. Úsenla como su as en la manga. Su golpe final. Su último cartucho. El kamehameha de Gokuh. Asegúrense de que, cuando la usen, su equipo de publicistas y marketeros les creamos. Pero que les creamos de verdad. Que la sintamos real. Por que si realmente es así, si no abusan de nuestra buena fe, cuando llegue el momento empatizaremos con ustedes, nos pondremos en sus zapatos y les diremos «¡Tranquilos! Esta noche no se duerme, pero den su culo por cubierto. ¡A por diez litros de Red Bull, chavos!»

Y, finalmente, entregaremos como siempre. ¿O no?

Post originalmente publicado en http://lapiedrafilosocial.com/2015/03/la-teoria-de-la-urgencia-relativa/

Posted by jcarlossoto