A la hora de crear una campaña de publicidad digital, no hay nada más importante que la segmentación.

Dando una capacitación a mis chicos de Era Social el pasado jueves, me di cuenta de una cosa: cuando empezamos a adentrarnos en el mundo de las campañas online, todos tendemos a pensar que cuantas más personas nos vean, mejor. Todos comenzamos siendo fieles seguidores de la “alcanzología“.

“Claro Jose, será mejor si me ven un millón de personas que si me ven solo diez mil, ¿no?”

Pues depende, pero generalmente NO.

No es cuestión de que te vean todas las personas posibles, sino de que te vea tu público. A no ser que seas una marca o promociones un producto para absolutamente todo el público (¿papel higiénico? y aún así existen distintas gamas…), hay una gran parte del universo de usuarios que no te interesa para nada.

¿Para que querría (siempre hablando en general) una marca de compresas que la vieran 120 millones de hombres? ¿Estaría acaso hablándole a sus potenciales consumidores? ¿O estaría en este caso gastando esfuerzos de comunicación en vano?

Las redes sociales y el Internet 2.0 dotaron a la publicidad de una de las más poderosas y útiles herramientas que nunca hemos tenido: la segmentación.

En Facebook podemos segmentar nuestro público por edad, sexo, interés sexual, gustos, aficiones, tendencias políticas… lo que se nos ocurra. Es decir, podemos encontrar exactamente nuestro perfil de consumidor, y dirigir nuestra comunicación a él y solo a él. En el resto de redes sociales (Twitter, Linkedin, YouTube…), en mayor o menor medida, se nos ofrecen posibilidades semejantes.

target

Es verdad que cuanto más segmentamos la audiencia de nuestras campañas más caro, aparentemente, nos sale cada clic, pero, ¿no serán estos clics mucho más aprovechables? Pagamos más, sí, pero sabemos que el que nos ve estará potencialmente interesado.

Veámoslo con un ejemplo:

Pongamos que nos dan un presupuesto de $100 para una campaña digital.

Imaginemos que creamos una primera campaña sin segmentar, para llegar al máximo de gente posible. Al tener una segmentación nula, pagamos cada clic a $0,1. Barato. Al finalizar la misma conseguimos 1.000 clics, de los cuales 10 pertenecen a usuarios que nos interesan realmente, pero 990 son de personas que solo entraban a curiosear. La campaña nos costó nuestros $100, pero tiramos $99 a la basura.

Sin embargo, imaginemos que abandonamos la “alcanzología” y segmentamos bien esta campaña hacia nuestro target deseado. Al tener una segmentación avanzada, pagamos cada clic a $0,4, cuatro veces el coste del clic en la campaña anterior. ¡Qué caro! Al finalizar, conseguimos alcanzar los 250 clics. La campaña nos costó en total lo mismo, nuestros $100, y solo conseguimos 250 clics, sí, pero todos fueron hechos por usuarios que nos interesaban. No tiramos ni un centavo en clics inservibles y nuestra inversión fue 100% efectiva.

Lo caro nos termina saliendo barato.

Queda claro que lo más importante a la hora de planificar una campaña es, por lo tanto, definir bien nuestro público, y, si somos capaces, encontrar nichos de target aún inexplorados por nuestra competencia.

Abandonar la “alcanzología” y hacer campañas mejor dirigidas es el primer paso hacia el éxito.

Photo credit: hikingartist.com
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Posted by jcarlossoto