failureEl fracaso es juez y verdugo. Él decide quien pasa y quien se queda. No es el tiempo, pues el tiempo pasa para todos y a todos en algún momento nos juega a favor o en contra. El fracaso es el gran maestro, el campeón del castigo, la valla que solo saltan los más valientes o los más locos. El gran cazador.

El fracaso nos persigue de por vida. Nunca nos olvida, nunca abandona el rastro, nunca duerme, nunca come, nunca para. Si nos detenemos, nos atrapa, nos engulle, nos arroja al barro y nos sumerge la cabeza hasta el fondo, mientras grita, eufórico de éxito, “¡¿Creías que ibas a escaparte?!”.

Y os voy a contar un secreto que quizá os ahorre esfuerzos innecesarios, decenas de deprimentes intentos fallidos: nadie puede correr eternamente.

Alguien a quien admiro mucho y considero sabio me dijo una vez que todos llevamos una mochila cargada con la misma cantidad de mierda. Y todos nos la tenemos que comer. Unos se la comen pronto y de golpe, y si consiguen sobrevivir a la indigestión luego todo les va mejor. Otros se la comen poco a poco, de forma continua y a lo largo de muchos años, y eso les ayuda a digerirla aunque nunca están pletóricos. Otros piensan que nunca la probarán, pero después de mucho tiempo también les llega su momento y tras una vida de abundancia no logran ya levantarse del golpe. Pero el caso es que todos, todos, terminamos por comérnosla.

Lo que quiero decir con esto es que nadie está libre del fracaso. Ni aunque tengas una flor en el culo te vas a escapar siempre. Y lo importante no es salir siempre airoso, sino saber reponerse del misilazo. Eso dicen. Volver a levantarse. Reinventarse. Conservar las cicatrices de nuestras derrotas como lecciones aprendidas de una vida larga y un destino siempre caprichoso.

Pero, ¿quién lo logra? ¿Merece realmente la pena? Cuando estamos en el suelo, derribados, derrotados, deprimidos… sentimos la tentación de debatir con nosotros mismos si merece la pena ponerse en pie. ¿Por qué importa tanto? Al fin y al cabo, aquí abajo no se está tan mal… no nos cansamos… no corremos peligro de volver a caernos… no necesitamos enfrentarnos a nadie, a nada… estamos seguros, ¿no?. Vale, no es el mejor sitio del mundo, pero ¡no puede ser el peor!

Y, sin embargo, lo es.

Photo credit: Defeat, de Juan Barahona.
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Posted by jcarlossoto